Este mes me costó mucho el proyecto. La Navidad, honestamente, no me produce ni cosquillas... Aún así hice el intento y, aunque no me gustó el resultado, quiero pensar que haber logrado algo con un tema que no me inspira es mejor que nada. ¡Felices fiestas!
Feliz Navidad
«Cada
año es lo mismo» pensó. Y era cierto. En Navidad, era reglamentario ir a la
casa de su abuela a pasar la noche con toda la familia; verse las caras y cenar
juntos, actuando como si fueran todos cercanos y cariñosos unos con otros.
—Todo
es hipocresía —se dijo a sí mismo.
No
lograba entender, mucho menos sentir, el significado de la Navidad. No era un
joven creyente, así que poco le importaba que la fecha marcara el origen de
algo importante; y creía que los valores se podían tergiversar a conveniencia,
por lo que tampoco creía en eso de dejar de lado lo malo para dar sin recibir
nada a cambio.
Lo
único que realmente le gustaba de la Navidad eran los adornos y la comida; pero
ya se había cansado de estar sentado contemplando el pino y los regalos y
consideraba demasiado patético comer toda la noche para pasar el tiempo.
—Oye,
¿dónde está tu hermana? —preguntó una tía al pasar a lado de él.
—No
sé —dijo encogiéndose de hombros.
—
¿Dónde se habrá metido?
Se
puso de pie y salió al jardín. Ahí estaba su hermana, sentada en una de las
sillas de patio, con la mirada perdida en el cielo y un cigarrillo a medio
consumir en una mano.
—
¿No tienes frío?
—Sí,
pero no quiero estar adentro.
Él
ocupó una de las sillas libres a lado de ella y dirigió su mirada hacia arriba,
emulando un poco su posición.
—
¿Qué se supone que estamos viendo?
—Te
diría que las estrellas, pero está demasiado nublado. Solo veo cómo se mueven
las nubes.
—
¿Cómo puedes ver las nubes? Son casi del mismo color que el cielo.
—Si
pones atención, puedes verlas.
Hubo
un momento de silencio. Conociendo a su hermana, tendría siempre una respuesta
a cualquier comentario que él hiciera y, sin importar la intención que ella
tuviera al contestar, lograba enojarlo sobremanera.
—Bueno,
bueno. ¿Cuánto tiempo llevas aquí? Te vas a resfriar.
—Casi
desde que llegamos —le enseñó la cajetilla de cigarros y la agitó, quedaban
unos pocos—. Aunque no hay mucho qué hacer aquí afuera.
Volvieron
a quedar en silencio. Ella miró su reloj y luego le indicó la hora: ya era
medianoche. Generalmente, era a esa hora cuando todos se reunían alrededor de
la abuela para escuchar lo que fuera que tuviera que decir sobre ese año y
también para que bendijera el siguiente. Casi en seguida pudieron escuchar el
murmullo de un discurso simplón sobre lo importante que es la familia y,
finalmente, el tintineo de las copas chocando unas con otras.
—Feliz
Navidad —le dijo antes de tirar la colilla del cigarrillo en turno.
—
¿Qué tiene de feliz?
—Pues,
no lo sé. ¿No tienes motivos para festejar?
—No
—contestó de mala gana—. Y creo que tú tampoco.
—
¿Por qué crees eso? —inquirió curiosa volviendo su mirada hacia él.
—Si
tuvieras algo que festejar no estarías aquí sola. Si tuvieras algo que festejar
hubieras ido a misa, estarías adentro siendo hipócrita como todos y simplemente
serías feliz.
Ella
le escuchó sin quitarle los ojos de encima y, le pareció a él, que de cierta
forma le había sonreído sin cambiar siquiera de expresión.
—Pero
yo no estoy sola —palmeó su hombro con firmeza—. Tú estás aquí conmigo, ¿no?
—no esperó a que él hiciera o dijera algo para proseguir—. No creo que ellos
sean hipócritas por intentar pasarla bien una noche. Somos una familia grande
y, bueno, no creo que haya familia alguna sin malos entendidos y cosas así…
Sean como sean, son familia… somos una familia y nadie ni nada puede cambiar
eso.
—Desgraciadamente…
Ella
rió.
—Si
tuvieras otra familia, también te estarías quejando —siguió riendo.
—Bueno,
¿y por qué no fuiste a misa? Ya dejaste claro que no estás sola y que ellos no
son hipócritas por lo que hacen —hubo un amago de sarcasmo en su tono.
—Me
conoces. Sabes bien que no me gustan ese tipo de cosas.
—Lo
que no entiendo es por qué vienes todos los años para estar en un rincón o
escondida o alejada de los demás.
Ella
se encogió de hombros y encendió otro cigarrillo dando una larga calada.
—
¿Qué quieres? ¿Quieres que te dé la razón? —le preguntó tranquilamente—. Tal
vez sí hubo un tiempo en el que pensaba de la misma manera que tú ahora.
—
¿Y qué pasó?
—Uno
se da cuenta de las cosas. Supongo que uno cambia y ve las cosas de manera
diferente —se detuvo por unos instantes—. Creo que a la mayor parte de las
personas les sucede eso en algún momento, ver este tipo de cosas de manera
negativa sin importar nada.
—Eso
no dice mucho —dijo él desesperado y ella volvió a reír.
—Yo
no necesito de la Navidad para decirte que te quiero ni mucho menos para
demostrártelo. Tampoco necesito ir a misa para agradecer estar viva. No espero
regalos ni abrazos, aunque esos nunca están de más y la comida es deliciosa.
Él,
por primera vez en la noche, sonrió pleno.
—Al
final —continuó ella—, ¿no se trata de amor?
—
¡Eso es tan cliché! —carcajeó.
—Lo
sé, lo sé… Pero, fuera de toda propaganda, creo que se trata de amor. Si tienes
amor, no importa qué tan mala sea tu situación, todo es más llevadero. O piensa
en cualquier cosa por la que puedas estar agradecido y eso será más que
suficiente para festejar.
Las
palabras de su hermana le sonaban demasiado quiméricas y positivas como para
ser ciertas del todo —una negatividad quizá producto de su adolescencia—,
aunque le hicieron sentir mejor respecto al bodrio de noche que Navidad
representaba para él.
—Está
enfriando. Vamos adentro —dijo frotándose las manos vigorosamente.
—Debiste
ponerte un abrigo —acercó su silla a la de ella y le puso por encima de los
hombros el suyo. Dejó uno de sus brazos rodeando su cuello y dijo—: Feliz
Navidad.


Te quedó precioso!! Menos mal que no te inspira la navidad. Realmente encierras un gran mensaje entre tus líneas, lo importante es el amor más allá de los defectos y malentendidos!!
ResponderSuprimirUn placer leerte y aunque la navidad te sea indiferente yo te deseo muchas felicidades y que el año que viene puedas ver cumplidos muchos de tus anhelos!!
Un gran abrazo desde Uruguay!!
realmente la Navidad debería ser eso, pero se envuelve tanto en el consumo y la alegría fingida que... en fin, que empalaga
ResponderSuprimirQuizás el significado de la Navidad este oculto tras adornos, luces, compras, fiestas familiares, tradiciones sin fundamentos, buenos deseos que no duran o propósitos de enmiendas o correcciones.
ResponderSuprimirYo apostaría por esa intiución: el AMOR. Pero el que se escribe con mayúsculas y que es tan dificil hacer que dure todo un año.
Un saludo y FELIZ AÑO NUEVO.
ibso
Rivela: Yo si soy cristiana y me gusta el motivo por el que se celebra la Navidad, aunque nadie sabe de cierto si fue esa la fecha en que nació Jesucristo. Pero bueno, tratar de reunirse en paz es positivo.
ResponderSuprimirTu escrito es una buena reflexión, gracias por compartirlo.
Que el año que comienza te traiga puras cosas positivas: Doña Ku
Yo no estoy de acuerdo con celebrar el AMOR en navidad, es como el día de la madre, es algo que hay que festejar TODOS LOS DÍAS ¿Por qué esperar un día especial del año para ser amorosos?... un buen relato, que encierra una gran verdad... espero hayas disfrutado tus fiestas y celebres durante todo el año el amor... te leo tarde pero seguro. Felicidades.
ResponderSuprimirMe encanta lo de que no necesita que sea Navidad para mostrar afecto y agradecer. Y así debe ser,¿no? que bonito que hay un día de celebrar todo eso, pero no debería ser un requisito que sea 24. Y es eso, que si a uno no le queda tiempo o no se le da bien lo de ser expresivo, la navidad es una buena excusa.
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