Dov era un chico de la noche. Fuera por sus continuas desveladas o por casualidad, tenía un mejor funcionamiento después del anochecer. No solo su mente se agilizaba y sus sentidos despertaban en un cien por ciento, había algo más que no sabía explicar, algo que lo llamaba y lo fortalecía.
De día, si es que estaba despierto, no era más que un muchacho demasiado callado, algo extravagante y de apariencia pálida y ojerosa. Pero de noche…, de noche todo eso cambiaba. Era uno mismo con las sombras. Su silueta se mezclaba en su negrura, su aliento se mezclaba con el frío, su mirada escudriñaba lo que normalmente nadie podría ver. Y su alrededor era apenas su patio de juegos en donde mataba tiempo y aprovechaba al máximo para agudizar los dones que se le habían dado.
De día, si es que estaba despierto, no era más que un muchacho demasiado callado, algo extravagante y de apariencia pálida y ojerosa. Pero de noche…, de noche todo eso cambiaba. Era uno mismo con las sombras. Su silueta se mezclaba en su negrura, su aliento se mezclaba con el frío, su mirada escudriñaba lo que normalmente nadie podría ver. Y su alrededor era apenas su patio de juegos en donde mataba tiempo y aprovechaba al máximo para agudizar los dones que se le habían dado.
